jueves, 25 de marzo de 2010

Perdó, no llegir!!!

Las ciudades Escondidas. 5


En vez de hablarte de Berenice, ciudad injusta, que corona con triglifos ábacos metopas los engranajes de sus máquinas trituradoras de carne (cuando los encargados del servicio de pulido asoman la barbilla sobre las balaustradas y contemplan los vestíbulos, las escalinatas, las pronaos, se sienten todavía más prisioneros y menguados de estatura), debería hablarte de la Berenice escondida, la ciudad de los justos que se afanan con materiales de fortuna en la sombra de las trastiendas y debajo de las escaleras, anudando una red de hilos, y tubos y poleas y pistones y contrapesos que se infiltra como una planta trepadora entre las grandes ruedas dentadas (cuando éstas se detengan, un suave repiqueteo avisará que un nuevo y exacto mecanismo gobierna la ciudad); en vez de representarte las piscinas perfumadas de las termas, tendidos a cuyo borde los injustos de Berenice urden con rotunda elocuencia sus intrigas y observan con ojo de propietario las rotundas carnes de las odaliscas que se bañan, tendría que decirte cómo los justos, siempre cautos para sustraerse al espionaje de los sicofantes y a las redadas de los jenízaros, se reconocen por el modo de hablar, especialmente por la pronunciación de las comas y los paréntesis; por las costumbres que conservan austeras e inocentes eludiendo los estados de ánimo complicados y recelosos; por su cocina sobria pero sabrosa, que evoca una antigua edad de oro: sopa de arroz y apio, habas hervidas, flores de calabacín fritas.

De estos datos es posible deducir una imagen de la Berenice futura, que te acercará al conocimiento de la verdad mas que cualquier noticia sobre la ciudad tal como hoy se muestra. Siempre que tengas en cuenta esto que voy a decirte: en la semilla de la ciudad de los justos está escondida a su vez una simiente maligna; la certeza y el orgullo de estar en lo justo -y de estarlo más que tantos otros que se dicen justos más de lo justo-, fermentan en rencores rivalidades despechos, y el natural deseo de desquite sobre los injustos se tiñe de la obsesión de estar en el lugar de ellos haciendo lo mismo que ellos. Otra ciudad injusta, aunque siempre diferente de la primera, está pues excavando su espacio dentro de la doble envoltura de las Berenices injusta y justa.

Dicho esto, si no quiero que tus ojos perciban una imagen deformada, debo llamar la atención sobre una cualidad intrínseca de esta ciudad injusta que germina secretamente en la secreta ciudad justa: y es el posible despertar -como en un concitado abrirse de ventanas- de un amor latente por lo justo, todavía no sometido a reglas, capaz de recomponer una ciudad más justa aún de lo que había sido antes de convertirse en receptáculo de la injusticia. Pero si se explora aún más el interior de ese nuevo germen de lo justo, se descubre un manchita que se extiende como la inclinación creciente a imponer lo que es justo a través de lo que es injusto, y es éste tal vez el germen de una inmensa metrópoli...

De mi discurso habrás sacado la conclusión de que la verdadera Berenice es una sucesión en el tiempo de ciudades diferentes, alternadamente justas e injustas. Pero lo que quería advertirte es otra cosa: que todas las Berenices futuras están ya presentes en este instante, envueltas la una dentro de la otra, comprimidas, apretadas, inextricables.

(Las ciudades invisibles. Italo Calvino)

1 comentario:

teodoro dijo...

Bonito texto diego!